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Con el fútbol, a sol y sombra

September 6, 2017

"No tengo nada de original porque, como se sabe, en mi país las maternidades hacen un ruido infernal porque todos los bebés se asoman al mundo entre las piernas de la madre gritando gol. Yo también grité gol para no ser menos y como todos quise ser jugador de fútbol".

Eduardo Galeano

 

I. Una historia, la de miles

Como muchas mujeres, empezamos jugando al fútbol desde chicas, en la calle, con varones en su mayoría, con mucha alegría y sin prejuicios de amigas y amigos. Lxs niñxs hasta cierta etapa, por suerte, no saben de eso. Sí saben los adultos: "no juegues siempre con los varones", "andá con las chicas”, "machona”. Por suerte, eso no nos detuvo. Pero a muchas sí y esas son las barreras espantosas que nos imponen a las mujeres desde chicas en el deporte y en la vida. El fútbol es libertad, es el juego más maravilloso, donde encontrás herramientas y valores para la vida. Acompañado de estos sentimientos, siempre está la lucha y resistencia contra el machismo, por el espacio y la igualdad ante un deporte que es para todxs.

 

 

II. Jugando con los prejuicios

"Jugar a la pelota es de pibes".

 "Nunca vas a pegarle a la pelota como un varón". 

Esas son las frases que nos parten el pecho a nosotras: las que amamos el fútbol. Jugar en equipo, gritar un gol, llorar un penal errado, sentir la angustia en la garganta cuando la falta es injusta, ver el reloj y saber que se termina el partido y no poder hacer nada o sí, al contrario, salir a festejar, gritando hacia el córner, apretando fuerte la camiseta. Es hermoso, el fútbol es hermoso. Hay pocas cosas en la vida que emocionen tanto como jugar en equipo, con el pie, generando estrategias, poniendo el cuerpo. Zambullirse en los brazos de compañeras, en las buenas y en las malas. Si, señora y señor, sentirse viva. 

Jugar a la pelota es de varones porque este sistema machista nos hizo creer eso, pero sabemos bien que el fútbol es de todxs y para todxs, es inclusivo. Se necesita una pelota, puede ser de media, de papel o una tapita de botella. Se necesitan personas, conocidas o no (¿quién no pidió entrar al equipo en la playa, o juntarse con otra y hacer "una para cada lado" en el parque?). No es necesario jugar con los pies: en mi casa con mis manos y las manos de un amigo jugábamos a pasarnos la pelotita de papel sobre el mantel, mis dedos eran una arquera que casi estaba viviendo la final del campeonato, de cualquier campeonato. Se necesita pasión y ahí hay para todos los gustos. Son tres los condimentos: adrenalina sana, amor incondicional y pasión desgarradora. Señora y señor, nunca patearemos la pelota como un varón. Sencillamente porque no lo somos, somos mujeres. Pateamos diferente. Pero con toda, fuerte, al medio o de coté, directo al pincho puntinazo o con la cara interna del pie, preciso, al otro pie, o mejor aún de volea con el empeine. Pegamos concreto, sentido, dejando el cuerpo, mirando el objetivo. 

 

III. El fútbol no es cosa de hombres. La violencia, sí.

Un hombre fue denunciado por su ex novia por amenazas y agresiones físicas. Un caso más de violencia de género que podría pasar inadvertido entre tantos otros, pero que toma resonancia pública porque ese hombre fue nada menos que el 10 de uno de los clubes más grandes del país. Esa popularidad ganada en las canchas de fútbol no solo parece exculparlo para los hinchas que lo veneran, si no que ocurre algo mucho peor y es que cierto sector del periodismo intenta justificarlo, aludiendo al viejo cuento del origen humilde y las luces del éxito que lo encandilaron. El ídolo y el perdón popular, desde el campeón mundial de boxeo que es ovacionado mientras lo llevan detenido por matar a su esposa, hasta el técnico que se convierte en un personaje pintoresco después de cumplir la condena por abusar de un menor. Siempre los ídolos populares tuvieron esa especie de halo protector ante la sociedad, como si su condición de ídolos los hiciera menos culpables que otros miles de femicidas o violentos anónimos.

 

IV. El futuro ya llegó

Estamos en una época donde vemos mucho a la mujer jugando al fútbol, esto es gracias a que muchas mujeres desde hace muchísimos años abrieron un camino. Por ellas, hoy es mucho más sencillo para nosotras. Pero no olvidamos que esta lucha lleva muchos años, y pese a eso, falta mucho para que exista una igualdad real.

Tenemos esperanza en que nuestras hijas se sientan libres si eligen fútbol en vez de danza en la escuela. Que el fútbol femenino no sea una moda, sino un sentido común. Que amar el fútbol no signifique que hablen de nuestra orientación sexual. 

Si nos gusta, entonces juguemos. Vivamos, sintamos, aprendamos y enseñemos futbol. 

 

 

 

 

 

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